Prohibido botar aviones, Buenaventura Ferreira

“A algunas cosas llegué tarde y a otras temprano”, fue la última frase que, parafreaseando a Zorg, Buenaventura dijo antes de volver a desaparecer. ¿Y quién diablo es Ferreira? ¿Un asistente de camionero auspiciado por Free Cola, un soñador maldito, un amante bizco, una voz que se desgarra en cada nota o un ermitaño con especial fascinación por las billeteras? Aquí, Buenaventura Ferreira a 4 voces. Escoja su canción y póngala a todo chancho.

¿Quién es Buenaventura Ferreira?

Por Pilar Cárdenas

 

Una coraza infranqueable, monedas y ocasionalmente…

Por Francisco Castillo. Editor humorístico de The Clinic y ex compañero de trabajo de Buenaventura

Tuve el honor de trabajar con el cantautor Buenaventura Ferreira hace unos años y si tuviera que definirlo en una frase, sería “un misterio envuelto en un enigma… envuelto en una nebulosa, envuelta en un arrollado huaso”. Es que debo admitir que en un principio su presencia me intimidaba; su pelo cano, su andar cojo y su cicatriz en forma de falo en su mejilla izquierda lo hacían ver como un personaje misterioso.
Pero detrás de esa coraza infranqueable se escondía uno de los mayores talentos de la música que haya conocido este país. Semana a semana llegaba a la radio, lugar en que coincidimos trabajando, con un tema nuevo a cambio de casi nada; tan sólo nos pedía lo que tuviéramos de plata en el bolsillo y ocasionalmente se llevaba la cartera o billetera de alguien.
Poco a poco nos hicimos amigos y debo admitir que me sorprendí cuando Buenaventura dijo haber compuesto una canción para mí, titulada “Muérete hijo de puta, ojalá que te trague la tierra reconchatumadre”… “Una canción que habla de la amistad”, en sus palabras.
Lamentablemente, nuestra amistad se perdió cuando él se fue de la radio porque le había dado el palo al gato con un negocio de quesitos infalibles que una francesa le había propuesto.
Y pasaron años hasta que lo volví a ver. Estaba pidiendo plata en Santo Domingo con Miraflores, pero al parecer no me reconoció porque se abalanzó sobre mí e intentó robarme el celular.
Esté donde esté, estoy seguro que sigue regalando su música al pueblo a cambio de algunas monedas (y, ocasionalmente, la cartera o billetera de alguien).

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Free Cola, una canasta familiar y cassettes

Por Jani Dueñas, Conductora “Es Lo Que Hay”, ADN Radio Chile.

Buenaventura Ferreira llegó un día a la radio a pedirnos pega. Dijo ser un cantautor que quería compartir su música. Como estábamos empezando y no teníamos mucho material para llenar tres horas de programa, aceptamos su ofrecimiento.
Buenaventura venía una vez a la semana y cantaba una canción. A veces no veía. Después aparecía nuevamente y decía que había estado de gira por el sur, aunque siempre creí que había estado preso o quién sabe en qué.

Al principio era muy humilde, nos pedía las cosas por favor y daba las gracias, hasta que un día llegó y nos informó que tenía un auspiciador: Free Cola. Luego, contraviniendo nuestras instrucciones, cada vez que cantaba hacía una mención comercial a su auspiciador. Yo creo que ahí fue cuando se empezó a creer el cuento hasta que nos dijo lo que ya sabíamos: que no quería trabajar más gratis. Buenaventura, razonablemente, nos exigió que le pagáramos pero, él lo sabía, nosotros no teníamos presupuesto para eso, así que al final llegamos a un acuerdo mediante el cual le pagábamos con una canasta familiar (una lata de atún, 3 marraquetas y un poco de mortadela). Lo recuerdo y es que lo puedo ver con sus ojitos brillantes, infantilmente vidriosos, y una contenida sonrisa cuando pasaba a buscarla a la oficina de Recursos Humanos.

Con el tiempo yo le tomé cariño, incluso me empezó a gustar su música. Las suyas no eran grandes canciones pero el tipo, hay que reconocerlo, poseía un gran carisma. Al público del programa le gustaba harto y cuando se desaparecía, clamaban su presencia, por ejemplo cuando se fue de viaje por un par de meses, según él, a tocar por todo Chile auspiciado por Free Cola… Bueno, “su gira”, lo supimos después, no era más que su mirada de un habitual hecho doméstico: lo echaron de la pieza de la pensión donde vivía y se fue con un camionero a buscar suerte en la carretera porque no le quedaba otra. Desde lugares insospechados, Buenaventura nos envió, esporádicamente, cassettes con sus canciones. Nosotros nos encargábamos de compartirlas con su público. Esa fue su etapa más críptica, y curiosamente, la de mejores composiciones.

Un día no vino más. Nunca más supimos de él.

A veces nos acordamos de sus canciones y las tocamos todavía, pero hace un par de meses nos llegó una carta en un papel arrugado escrita con lápiz mina que decía que si seguíamos tocando su música nos demandaría por derechos de autor. La carta no tenía remitente, así que no pudimos contestarle que cuando firmó el contrato por la canasta familiar, la letra chica estipulaba claramente que nos cedía todos sus derechos. Nacionales y mundiales. Por siempre.

En fin, hay días en que extraño a Buenaventura. Me gustaría que volviera o al menos saber que está bien. Quizás donde andará…
Denle mis saludos si lo ven por ahí.

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Una sinfonía sobre la clandestinidad

Por Pato Cuevas, Conductor “Es lo que hay”, ADN Radio Chile

Buenaventura Ferreira es, en esencia, un impostor. Es una chapa, un invento, un alias de un permanente escapista. Una vez me engrupió en el pasillo de la radio diciendo que le gustaba la película “El Pasajero”, donde Jack Nicholson se apropiaba de la identidad de una persona para escapar de la propia. Dice que eso le daba toda la libertad. Buenaventura Ferreira es sinónimo de libertad, entonces, a costa de los otros por supuesto. Tras ese nombre, el primer bardo del Transantiago viaja hacia cualquier lugar cuando se le antoja, pidiendo monedas a cambio de melodías sencillas, que son de su composición y su mayor mérito. Él cree en su trabajo, por lo que jamás canta canciones de nadie más. Dice que eso es de mediocres.

De cuando en vez, sin comprometer nada a cambio, prometía un tema por semana, pero de inmediato sentía que era venderse al sistema y luego de un tiempo aparecía para ofendernos y desaparecía. Al rato, presa de la culpa, Buenaventura llamaba desde un celular que nunca era el mismo y pedía disculpas. Volvía a ofrecer canciones a cambio de sus actitudes desagradables y luego volvía esto a ocurrir en otros momentos.

Lo curioso: siempre volvía. Le gustaba la radio. Decía que le gustaba el estudio de transmisión porque se parecía al interior de la nave Enterprise, de Star Trek y a un café con piernas donde tuvo una novia que amó mucho. Le gustaban los micrófonos con los que grababa sus canciones. Luego pedía que borráramos el material grabado porque tenía miedo que lucráramos con él. Luego nos volvía a decir que nos demandaría. Al rato, se quejaba de que no tenía cómo hacerlo por tener “un problema con la cédula de identidad”.

Así, se iba y volvía. No nos preocupábamos porque siempre volvía. La última vez llamó desde el norte. Iba a cobrar el dinero de un terreno en Punta de Choros. Estaba componiendo una sinfonía sobre la clandestinidad. Quería montarla en el Valle de la Luna, “igual que Pink Floyd”, decía. No apareció más.

Su legado son las canciones que registramos. Uno de estos días, el más impensado, aparece por la puerta y nos cobra por todo.

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5 minutos

Amaral Belmar Belmar. Groupie.

Conocí a Buenaventura una calurosa tarde-noche del verano de 1968.
Yo acababa de egresar del instituto y el mundo se me presentaba como un lugar que me invitaba a explorarlo, así es que no era extraño que frecuentara antros donde se presentaba lo más ilustre de la Nueva Canción Chilena.
En el minuto que lo vi entrar quedé prendada de su toscas facciones y ese olor a hombre que lo envolvía. Mientras cantaba y usaba un neumático viejo en forma de tambor no dejé de mirarlo embobada hasta que, para sorpresa mía, me devolvió la mirada… O eso creí porque es medio bizco.
Esa noche me invitó a su camarín, que no era más que una carpa atrás del escenario, y lo conocí como ninguna mujer ha conocido un hombre. Nuestros cuerpos se enlazaron en una unión mística que duró 3 minutos y medio (5 minutos según él).
Lo que siguió fue una relación tortuosa que duró 2 años. Debo admitirlo: Buenaventura era una bomba atómica de sexualidad, pero lamentablemente nunca mostró un atisbo de afecto por mí. “Mi único amor es mi arte y mi música, perra!”, me decía cada vez que le pedía un poco de cariño.
La decimotercera vez que me llamó para sacarlo de la comisaría supe que lo nuestro había terminado. Aunque nunca más lo volví a ver, hay algunos días lluviosos en que el aullar de unos perros vagos y hambrientos me recuerda su música, su prosa y los mejores 3 minutos y medios (5 según él) de mi vida.
(Por favor no pongan que me llamo Amaral Belmar Belmar porque mi familia actual no sabe nada de esto. Gracias).

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Prohibido Botar Aviones

Alone

Inevitablemente, en el mundo de la contingencia, intentamos darle sentido a las cosas. No basta con explicarlas a medias; le exigimos objetividad científica a la experiencia cotidiana. Como ciegos a medias (no tuertos, más como Borges hacia el final, ciegos de un ojo y con pérdida parcial de visión en otro), buscamos justificar cada pequeña interferencia que se interpone al sistema que cada uno se ha inventado para vivir.

“Nada malo en ello, por el contrario, este fanatismo tiene mucho sentido. “
Por supuesto, la auto consolación de esta postura implica, irrevocablemente, el mismo afán de orden que el ciego a medias busca inútilmente. Caemos en el mismo hoyo y tropezamos con la misma piedra.

Julio Iglesias, en una entrevista otorgada en nuestro país a un canal local en 1979, dijo:
“El problema que encontráis en mi voz, aquello que os molesta, suena muy bien en mi cabeza”
Iglesias, antes de morir, se refirió a este comentario en su autobiografía de 1997, “La Percepción de las cosas”. En un pequeño apartado que es, hasta hoy, el único documento poético del cantante, escribió alegóricamente la siguiente meditación:

“Y tú que te creías,
El rey de todo el mundo
Y tú que nunca fuiste
Capaz de perdonar
Y cruel y despiadado
De todo te reías
Hoy imploras cariño
Aunque sea por piedad”

Tarde, como es la costumbre, miramos por la ventana de nuestras construcciones de plumavit sólo para ver, lejos y con poca profundidad de campo, la interminable destrucción del mundo.


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Descarga: Prohibido Botar Aviones – Buenaventura Ferreira (148 Mb)

1. 1 de Mayo

2. 938 Mil son Suficientes

3. Crisis

4. Camiones

5. Cancion del Hombre sin trabajo

6. Creep/Empleado Publico

7. El Destino de Yasna

8. El Fuego de Gerardo Rocha

9. El Que Busca Siempre Encuentra

10. El Voto es Secreto (Anula con la Tula)

11. Grandes y Pequeños Chilenos

12. Julio Milostich

13. Karla Rubilar

14. Las Promotoras

15. Mauricio Israel

16. Mi Vecino Limpiara de Ratas la Ciudad

17. Mirage

18. Musica Maestra

19. Noche de Brujas

20. Nuevo Himno Chino

21. Obama

22. Que te Hiciste en los Ojos

23. Quiero Oirte Hablar Cosas Hermosas

24. Sequia

25. Trenes

26. Un General Peruano Abrio su Tremenda Bocota

27. Un Turista Finlandes

28. Vidal

Todas las canciones de Buenaventura Ferreira

©2011 ACC & IYF

VER OTRO: ,

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7 Comentarios»

  1. Comment de Mauricio Droguett
    24 Abril 2011
    12:50

    God Saves Buenaventura Ferreira… En este momento resta 73% de descarga para que mis oidos se deleiten al igual que mi paladar con un pan con margarina…
    Gracias por este recurso renovable

  2. Comment de Francisco Castro
    24 Abril 2011
    21:40

    El disco más esperado del año!!……………..En cualquier momento aparece alguién imitandolo en Mi Nombre Es….

  3. Comment de Pablo
    25 Abril 2011
    0:19

    Tremendo.El lado B es mi favorito

  4. Comment de Buenaventura Ferreira
    26 Abril 2011
    18:36

    No está El pellejo de Cornejo, mi mejor canción. Puaj

  5. Comment de Aficionado
    5 Mayo 2011
    10:21

    Discazo. Tras “Dimensión Insolita” de Coco Cabargas este es otro golpe maestro de ACC.

  6. Comment de Fontena
    26 Mayo 2011
    13:54

    Es un orgullo decir que participe en varias canciones de este gran compilado, afinando la guitarra y grabando al inigualable Buenaventura. Créditos también a mi amigo fiel Hueso.

  7. Comment de Hector Ulloa
    19 Noviembre 2011
    3:23

    Soy un fan de Buenaventura Ferreira, desde que lo escuché en Es lo que hay!
    la mejor canción, sin duda es “El Fuego De Gerardo Rocha” o también “11 de Septiembre” que lamentablemente no está en este disco!
    Un abrazo a la distancia y espero escucharlo en las ondas radiofónicas un viernes cualquiera.

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